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Septiembre Amarillo: el suicidio no empieza cuando alguien muere. ¿Estamos mirando antes?
Septiembre se pinta de amarillo, pero la prevención no puede quedarse en un color.
Hablar de suicidio es hablar de una problemática social compleja que no comienza en el momento de una muerte. Muchas veces, el proceso previo deja señales, cambios de conducta, aislamiento, desesperanza o modificaciones en los vínculos que el entorno puede advertir.
El problema es que solemos mirar esas señales cuando ya conocemos el desenlace.
Desde una perspectiva criminológica preventiva, la pregunta debería ser otra:
¿Qué podemos detectar antes? ¿Quién está mirando? ¿Y qué hacemos cuando vemos algo que nos preocupa?
Prevenir no significa convertirse en especialista ni intentar diagnosticar a otra persona. Significa no naturalizar cambios importantes, prestar atención, preguntar, escuchar sin juzgar y activar ayuda profesional cuando existe preocupación.
Un familiar que deja de vincularse como antes.
Un amigo que se aísla.
Una persona que manifiesta desesperanza o que siente que es una carga.
Cambios bruscos en sus hábitos, conductas o relaciones.
Una despedida inesperada.
La aparición de mensajes o expresiones vinculadas con la muerte.
Una señal aislada no permite diagnosticar ni anticipar un suicidio. Pero varias señales, especialmente cuando representan un cambio significativo respecto de la conducta habitual, sí justifican detenerse y prestar atención.
Y aquí aparece una responsabilidad social que muchas veces olvidamos: no mirar para otro lado.
La prevención no pertenece exclusivamente al sistema de salud. También se construye en la familia, en las escuelas, en los lugares de trabajo, en las instituciones y en los vínculos cotidianos. El entorno puede convertirse en un verdadero sistema de detección temprana, siempre que exista conocimiento para reconocer cambios y capacidad para actuar.
La criminología preventiva nos obliga a cambiar el enfoque: no esperar el hecho para intervenir.
Porque cuando una sociedad solamente analiza qué ocurrió después de una muerte, está investigando. Cuando aprende a reconocer factores de riesgo, fortalecer redes y activar ayuda antes, está previniendo.
Septiembre Amarillo debería recordarnos justamente eso: la prevención comienza mucho antes de la última señal.
Y quizás la pregunta más importante no sea “¿por qué no pidió ayuda?”, sino:
¿Cuántas veces alguien pidió ayuda sin decirlo con palabras y nadie supo escucharlo?
Este enfoque además permite posicionar al estudio desde una perspectiva criminológica preventiva y social, sin convertir el artículo en una guía médica: observar, contextualizar, detectar cambios, evitar sesgos y favorecer la intervención oportuna.
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