La evidencia no necesita más normas; necesita mejores procedimientos
En criminalística, los protocolos no se evalúan por su redacción, sino por su capacidad para producir evidencia íntegra, trazable y científicamente confiable. Cada modificación normativa redefine responsabilidades, procedimientos y mecanismos de control. La pregunta no es si el cambio era necesario, sino si el nuevo modelo fortalece realmente la calidad de la prueba.
Toda reforma técnica debe responder a interrogantes fundamentales: ¿la cadena de custodia es más robusta?, ¿la trazabilidad del indicio puede reconstruirse sin dudas?, ¿los controles son suficientes para evitar contaminación, errores o cuestionamientos en juicio?, ¿existe mayor transparencia o simplemente cambió la distribución de responsabilidades entre los organismos intervinientes?
La ciencia forense no admite actos de fe. Si un protocolo elimina controles tradicionales, debe incorporar otros de igual o mayor confiabilidad. Si redistribuye funciones, también debe garantizar una trazabilidad clara de quién intervino, cuándo, cómo y bajo qué fundamento técnico.
La verdadera fortaleza de un protocolo no se demuestra el día de su publicación. Se demuestra cuando la evidencia resiste una impugnación técnica, un contraperitaje y el análisis crítico de la comunidad científica. Allí es donde un procedimiento deja de ser una formalidad y se convierte en una garantía de justicia.
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