"La nueva frontera de las impugnaciones periciales"
La inteligencia artificial está ingresando con fuerza en el ámbito judicial y forense, prometiendo rapidez y eficiencia en el análisis de datos y la elaboración de conclusiones. Sin embargo, su utilización plantea un interrogante central: ¿cómo cuestionar una conclusión si desconocemos cómo fue generada?
El riesgo consiste en asumir que una respuesta producida por un algoritmo es automáticamente objetiva y confiable. La realidad demuestra que los sistemas de inteligencia artificial pueden contener errores, reproducir sesgos y operar mediante procesos poco transparentes.
Por ello, las impugnaciones del futuro ya no deberán enfocarse únicamente en el perito, sino también en la tecnología utilizada. Será necesario exigir información sobre el entrenamiento del sistema, la calidad de los datos empleados, sus márgenes de error, su reproducibilidad y su validación científica independiente.
En este escenario, los principios de cientificidad y fiabilidad cobran una importancia decisiva. La inteligencia artificial no elimina la necesidad de demostrar la calidad del método; por el contrario, eleva los estándares de control. Los criterios Daubert continúan siendo la referencia obligada: validación, posibilidad de contraste, conocimiento del error y revisión científica.
La verdadera discusión no será si la conclusión proviene de una persona o de una máquina, sino si puede demostrarse que es científicamente válida, fiable y resistente al error. Esa será la base de toda impugnación seria en la era de la inteligencia artificial.
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