Odorología forense
EL OLOR TAMBIÉN SE INVESTIGA: ¿IDENTIFICAR A UNA PERSONA O CONSTRUIR UNA CERTEZA?
La odorología forense es un tema que merece una segunda mirada: el olor humano puede aportar información investigativa, pero ¿hasta dónde permite identificar a una persona con rigor científico?
Para el ámbito criminalístico, la cuestión no consiste solamente en detectar un olor, sino en determinar cómo se obtiene, conserva, compara e interpreta; qué método se utiliza y qué grado de fiabilidad puede sostener la conclusión pericial.
La clave está en distinguir entre un indicio que orienta una investigación y una identificación que pretende demostrar una vinculación con un hecho delictivo.
En una escena criminal pueden quedar rastros que no se ven, no se fotografían y no se revelan con los reactivos habituales. Entre ellos, los rastros odoríferos humanos.
La odorología forense estudia y compara olores asociados a personas, objetos o lugares mediante procedimientos especializados, que pueden incluir equipos cinotécnicos con perros entrenados. Su potencial es relevante: contribuir a vincular un rastro con una fuente odorífera y abrir nuevas líneas de investigación.
Pero hay una pregunta que no podemos eludir: ¿que un perro detecte una correspondencia significa que una persona estuvo en el lugar del hecho o que cometió un delito?
No. Una coincidencia odorífera, por sí sola, no demuestra cuándo se depositó el olor, cómo llegó al objeto ni qué relación tuvo esa persona con el hecho investigado.
La investigación científica ha mostrado que los resultados pueden depender del entrenamiento, el diseño de las pruebas, los controles y la intervención del operador. También existen diferencias importantes entre los protocolos aplicados en distintos países. Por eso, la utilidad investigativa de la técnica no debe confundirse con una certeza absoluta de identificación.
El verdadero desafío: la fiabilidad de la evidencia
Para que el rastro odorífero tenga valor pericial, es fundamental documentar su obtención, preservar el material, evitar contaminaciones, garantizar la cadena de custodia y utilizar procedimientos controlados, reproducibles y sometidos a evaluación.
También resulta necesario examinar los posibles sesgos del operador, la información previa que recibe el equipo y la existencia de controles que permitan detectar falsas coincidencias.
En otras palabras, no basta con afirmar que el perro está entrenado. Es necesario demostrar que el procedimiento empleado es técnicamente defendible y que sus limitaciones han sido consideradas.
La innovación no consiste en incorporar técnicas novedosas sin cuestionarlas. Consiste en evaluar qué pueden aportar, bajo qué condiciones y hasta dónde permiten concluir.
La odorología puede contribuir a una investigación, pero sus resultados deben integrarse con los demás indicios disponibles, sin reemplazar la valoración integral de la evidencia ni convertir una hipótesis en una conclusión anticipada.
Porque en ciencias forenses no alcanza con encontrar una coincidencia: hay que demostrar qué significa, cómo se obtuvo y qué límites tiene.
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